MI COLUMNA LA HOJA DEL ÁRBOL NO SE MUEVE SIN LA VOLUNTAD DE DIOS

 

 

POR: PEDRO BELMARES O.

Teófilo era gerente de ventas en una fábrica de textiles, donde había trabajado toda su vida, siendo el único vendedor tenía que visitar a varias ciudades de México, a veces en avión, otras en camión. Tenía una linda familia, integrada por dos hijos que estaban en plena adolescencia. Elba, su esposa, siempre lo comprendía en todo. Cuando se iba a otras ciudades, podía pasar hasta un mes fuera de casa, según cuanto trabajo tuviera. Sabemos que criar a los hijos no es una tarea fácil, la verdad es que muchas madres solteras  logran que sus hijos salgan  adelante y terminen una carrera aun teniendo un sueldo mínimo.

Elba  podía con todo, pero siempre pasa que las malas amistades terminan por viciar a los hijos, y el mayor de ellos, empezaba a ser rebelde con su madre; en una ocasión, lo vio con sus amigos consumiendo  drogas y, preocupada al no poder hacer nada, llama a su esposo.

Teófilo le decía al salir de viaje –si tú tienes un problema háblame, sea lo que sea, háblame y ya veremos qué hacer, tú no te angusties-, era un hombre muy religioso y cuando salía de viaje hacia oración a Dios. Elba decidió hablarle  y decirle que ella no podía con el problema de su hijo, diciéndole que ya había llegado a faltarle al respeto; él contestó –mira mi amor, ahorita no puedo regresar a casa, voy llegando a una ciudad, pero llegando te hablo a ver qué  podemos hacer-.

Esa llamada le cambio el semblante y al llegar a visitar a su primer cliente, lo veían serio, caído y el dueño  del negocio, quien lo atendió, le dijo –pues que te pasó amigo, vienes muy serio, antes nos alegrabas el día-, Teófilo le contestó: -es que tengo un problema muy grande y no lo puedo resolver estando acá-, el cliente contesta: -todos tenemos problemas, pero hay que dejárselos a Dios, que él actúe por nosotros-. Esas palabras le llegaron y, al terminar la jornada de trabajo, regresó al hotel, se sentó en la cama y dijo: -Dios mío, nunca te pido nada en especial, pues trato de resolver las broncas por mi cuenta; ahora, te pido que nos ayudes a mi esposa y a mí para que nuestro hijo salga de este vicio que son las drogas-. Teófilo terminó de rezar, pero antes de dormir  buscó algo para leer y solo encontró una Biblia, y pensó: nada me cuesta leer un poco. Tomó la biblia y dijo: Señor, háblame, lo que tú quieras decirme. Tomó la biblia y seleccionó a la suerte la página, metió el dedo y al abrir leyó las primeras líneas: QUERIDO TEÓFILO, por su nombre, él se emocionó mucho y siguió leyendo lo demás que decía; al cerrar la biblia meditó: me mandaste el mensaje, está bien. A los quince días regresa a la ciudad y va con unos amigos a platicarles la experiencia que tuvo, al llegar al mismo hotel tomó la biblia e, igual lo que había hecho antes, seleccionó a la suerte la página, HECHOS UNO y pensó Teófilo: esta vez el mensaje era para ellos, para sus amigos.

Después de regresar a su casa, el mes siguiente, habló muy seriamente con su hijo, le contó cómo fue su adolescencia, en la que no tuvo un padre quien lo guiara, solo su madre y su abuela; que él fue el menor de diez hermanos que jamás lo dejaban solo, y le dijo: yo, como tú, tuve amigos que me invitaban a tomar, pero jamás les hice caso; tú no ves lo que tu madre hace por ustedes, por mantener este hogar limpio y que tú tengas todo. Yo tengo que trabajar, cuantos cumpleaños tuyos o de tus hermanos he faltado porque tengo que cumplir con mis obligaciones, y me duele no haberlos visto crecer, pero aunque no esté todo el tiempo con ustedes, lo estoy de alguna forma, pero sé que no me vas entender ahora pero cuando crezcas lo harás hijo.

Pasado un tiempo el hijo de Teófilo dejó de frecuentar a sus amigos y empezó a hacer

deporte, de alguna manera comprendió a sus padres.

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